Opción no disponible.

Mariposas en el estómago. Historia de una amiga.

“Mariposas en el estómago.” Nunca antes había sentido aquello,  ¡Lo había oído tantas veces en la tele…! y me sonaba cursi, y un poco asqueroso: mariposas en el estómago… pero resulta que es una metáfora perfecta, que define exactamente lo que se siente en ese momento.

Yo llevaba más de diez años casada y le quería, aunque no recuerdo haber tenido nunca esa sensación con el que era mi marido.

¿Qué voy a decir? Mi nuevo compañero de trabajo estaba como un tren y yo tenía la impresión de que me miraba con interés. Era más joven, más alto, más guapo… cada vez que pasaba por mi lado por lo que fuera, surgía ese aleteo en mi órgano digestivo, no lo podía evitar.

Poco a poco me fui dejando llevar por esa emoción y acepté sin dudar demasiado su primera invitación.

Aquel día retomé mi adolescencia. Mientras volvía a casa con el mariposario puesto y una sonrisa estúpida en la cara, me tuve que frenar para no dar saltitos por la calle…

Al llegar a la puerta todo aquello se desvaneció, y creí morirme de vergüenza.

Mi marido me esperaba viendo la tele y me saludó con un beso rutinario. Yo me fui a la habitación para disimular mi lamentable estado de confusión. ¿Qué había pasado? Sólo habíamos tomado unas cervezas y yo me sentía culpable.

Al día siguiente estaba muy nerviosa y fui a trabajar hecha un lío, pero cuando me encontré con mi colega, toda la culpabilidad y desconcierto se desvanecieron, estaba en una nube y el agradable revoloteo estomacal echaba a empujones cualquier argumento para no estar con él.  Esta vez yo le invité…

En unas semanas mi vida había dado un giro enorme,

ya ni siquiera sentía ese barullo interior, si me pasaba, lo ahogaba convenciéndome de que no se puede reprimir un sentimiento tan fuerte…

No sé si mi marido se dio cuenta, supongo que sí, pero nunca me dijo nada, tal vez porque él también tuvo alguna aventurita y no le resultaba cómodo…

Mi compañero formaba ya parte de mi vida, pero yo no era capaz aún de poner fin a mi matrimonio, aunque lo pensaba muchas veces. Afrontarlo no era fácil. Yo me preguntaba cómo, en esa situación, podía sentirme tan sola. Tenía la necesidad de hablar con alguien ajeno al asunto, pero no sabía con quién. A veces hablaba con una amiga haciendo alusiones veladas para ver qué decía.

Mariposas en el etómago.
Mariposa Fotografía de Mª Gracia Morales

“Sigue a tu corazón” “Te mereces ser feliz””Quizá te equivocaste con tu marido” “Busca el amor verdadero” ” ¿Estás segura de que te quiere?” “Él ha cambiado mucho en estos años…”  Frases de película, de las series, de los anuncios… frases de mis amigas… frases que se colaron en mi mente porque yo les abrí la puerta.

Y ahí estaban las mariposas…

¡Es tan fácil dejarse llevar por los sentimientos agradables…!   Luego buscas excusas y consejo para reforzar esas excusas y lo haces en personas que sabes que te van a dar la razón… porque hacer caso sólo de los lepidópteros quizá no fuera suficiente…

Estar con mi compañero era liberador, aunque la emoción de lo prohibido se iba esfumando y mi recién recuperada adolescencia estaba madurando dolorosamente. Tenía que tomar una decisión. ¡Qué fácil resultó meterme en esa situación y qué endemoniadamente difícil era salir ahora!

Yo miraba a mi marido y veía las diferencias que había con mi compañero y los cambios que se habían producido con los años, y suspendía la prueba por mucho. Pero a pesar de eso, yo antes era feliz. Ahora ni siquiera estaba segura de que dejarle fuera lo mejor. Cuando se me pasó el frenesí adolescente ya no tenía tan claro que salir de una relación trillada y conocida para tirarme de cabeza en otra mucho más excitante y novedosa fuera una buena idea. ¿Era eso lo que realmente necesitaba…? y en esa encrucijada la tentación era tirar por la calle de enmedio y mandar todo al cuerno. “Empezar de cero…” ¡Qué bonito suena en la tele! ¿Y cómo lo llevas a la práctica? Yo quería huir a la luna como mínimo…

No voy a contar todo el proceso,

seguro que os lo imagináis muy bien. Fuera como fuese, tenía que salir de allí y lo hice. Fue doloroso, claro, cualquier decisión que tomara lo era… yo decidí hacer caso al corazón, como te aconseja la sabiduría popular adquirida por el conocimiento televisivo… Hice caso al corazón, y dejé al compañero…  mi marido llevaba más de diez años en él y en eso ganaba por goleada… Además, si hay que decidirse por las vísceras, tampoco hoy en día está bien visto dejarse llevar por el estómago…

 

Published by

Grace

Soy creativa y me gusta que haya mucha creatividad en el mundo.

Deja un comentario